“El amor no tiene límites”. Ya sea en canciones, películas, telenovelas o comentarios de tías, uno escucha esa frase desde la infancia, tantas veces, con tanta convicción y con tan pocas explicaciones, que crece pensando que hay que entregarse al amor sin reservas ni defensa. Sólo después de varios desencuentros, uno empieza a sospechar que la frase llevaba “letras chicas” y que uno olvidó leerlas.
Los límites se aprenden y se construyen desde la infancia / Foto: iStockphoto
Es verdad que el amor, como experiencia espiritual, no tiene límites. Pero en lo tangible y lo cotidiano, el amor sólo puede manifestarse plenamente si existen límites. Crecimos en un sistema de valores cuyo énfasis está en enseñarnos a respetar límites externos, de ahí que nos cueste mucho trabajo construir límites personales o "internos". El problema de fondo es que si no sabemos poner nuestros propios límites, tampoco sabemos cómo respetarnos a nosotros mismos y cómo darnos a respetar. Así, al cabo de los años, nos miramos al espejo y estamos furiosos, resentidos, frustrados,
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