Nunca voy a olvidar el día en que me separé.
Mis hijas eran muy pequeñas, demasiado, y me sentía totalmente
desprotegida. Desesperada, luego del "basta para mí", agarré a mis dos
niñitas y me fui a dormir a lo de mis padres. En esa última etapa de
crisis de pareja había buscado mucho su amparo.
Sin embargo, ese día, una vez instalada en mi casa paterna en la que
tuvimos una larga charla, recuerdo una frase que me dijo mi mamá: "Te
ayudaremos en todo lo que necesites y siempre estaremos a tu lado pero
eso sí, tu en tu casa y nosotros en la nuestra". Esa tremenda frase, que
en ese momento de mi vida (aún no tenía claro lo que quería) resonó en
mis oídos como si fuera un garrotazo, hoy la agradezco. Miro hacia atrás
y veo todo el camino que pude recorrer por mis propios medios y estoy
orgullosa de mi misma.
Volver a casa de los padres luego de haber sido emancipados y de
haber formado nuestra propia familia no es gratuito. Es un retroceso, un
paso hacia atrás que luego es muy difícil
