ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    Dominada por los celos

    Los celos tienen vida propia. Crecen a borbotones en nuestra cabeza y estallan en el corazón. No los podemos manejar, hasta se expresan a pesar nuestro. A veces el destinatario se los merece, otras es el primer sorprendido. Pueden tener que ver con inseguridades, con la autoestima, con experiencias anteriores. Casi nunca entienden de razones.

    Sandra H. estaba hace dos años de novia con un compañero de oficina. La relación era sólida y hasta hacían planes de casamiento. Como la compañía no permitía que integrantes de una pareja trabajaran juntos, ellos disimulaban. Nadie sabía que salían, salvo una amiga de ella y la secretaria de él.

    Vivir el romance en secreto fue divertido, pero con el tiempo empezaron a surgir complicaciones. Sobre todo porque algunas compañeras de Sandra consideraban a su novio como un soltero disponible, y actuaban para que dejara de serlo, sin importarles –obvio- los impedimentos corporativos. Incluso, la prohibición terminaba siendo un ingrediente que le ponía más picante al desafío de conquistarlo.

    Sin embargo, aunque todas las mujeres de la oficina perseguían a su novio, ella desconfiaba de la única que la jugaba de aliada, la secretaria. Que él la hubiera elegido como confesora, la brotaba. "¿Por qué se lo dijiste a ella, y no a tu coequiper, que es varón?", solía reprocharle.

    Es que para ella su asistente, además de atractiva, era el tipo de mujer que todas las suegras quieren como nuera (no olvidaba los cumpleaños, hablaba tres idiomas y hacía mil cursos de cocina) y que todos los hombres de la oficina quieren invitar a salir. No importaba que él ensayara explicaciones del tipo de "pero si la conozco desde antes de conocerte a vos, ¿no te das cuenta de que por algo no la elegí?". Nada la conformaba.

    Encima, la "secretaria perfecta" se esforzaba por hacerse amiga de Sandra, y cada vez que podía resaltaba la complicidad que las unía. Ella lo vivía como una provocación más, como otro motivo para desconfiar. Y su paranoia aumentaba.

    Finalmente, tanto tirar de la cuerda dio el resultado esperado: la relación se rompió. Semanas después, al salir de la oficina, vio como su ex y la secretaria se iban caminando juntos tomados del brazo. No se permitió ninguna explicación lógica. La profecía autocumplida estaba ante sus ojos. La intuición, se dijo, no le había fallado.

    ¿Qué hacés cuando los celos te atormentan?