Después de muchos meses de vacaciones y dispersión sin límites, de un día para el otro los chicos deben retomar la rutina escolar: levantarse temprano, mantener la atención durante toda la jornada, volver a casa y estudiar. ¡Qué tarea engorrosa llevarlos a la calma y a la concentración! Peor si hablamos de chicos que son hiperquinéticos por naturaleza o tienen algún problema de atención. A semejante inconveniente generalizado se suma la amenaza de las notas bajas o algún otro problema relacionado con el aprendizaje. Y como el tiempo suele apremiarnos en estos días, ¿qué puede ser mejor que una solución rápida, práctica y sólida a la vez? En este contexto aparece la gimnasia cerebral o Brain Gym –su nombre original en inglés– una terapia efectiva en no más de diez sesiones. “Es una forma de ejercitar y mantener activas las conexiones cerebrales”, explica Susana Buscaglia, doctora en psicología y especialista en terapias de avanzada, que practica y enseña esta técnica desde hace doce años en la Argentina. “Este ejercicio también se llama kinesiología educativa: ‘kinesio’ significa movimiento y ‘logia’ quiere decir ciencia, es decir, la ciencia del movimiento aplicada al campo de la educación”, resume.
Básicamente consiste en 26 ejercicios sensoriomotores (asocia percepciones y acciones motrices) que se combinan según el problema a resolver. Cada uno de ellos activa distintas áreas del cerebro para recuperar información o armar nuevos circuitos neurológicos. Así, según el menú de ejercicios que dicte el terapeuta, se focalizará en mejorar la concentración, liberar tensiones, disminuir la hiperquinesia o corregir la dislexia.
También sirve para mejorar algún aspecto emocional, problemas de visión o de lateralidad: “Muchas veces el problema que tienen los chicos es que debido a un gran estrés los hemisferios se separan, entonces no pueden integrar los conocimientos. Sólo los apilan y al otro día desaparecen. Los más frecuentes son los problemas de concentración para leer, sienten que la cabeza no les responde bien, tienen olvidos o están emocionalmente inestables, deprimidos o con problemas de tics u obsesivos”, explica Buscaglia. Los problemas de conducta también son una consulta recurrente, aunque la psicóloga es cuidadosa con este tema: “Esta terapia muchas veces corrige problemas de hiperactividad, porque al estar el chico más equilibrado y centrado tiene menos posibilidades de molestar. Aunque, por otra parte, es normal que los chicos se muevan, ¿no?”
ES HORA DE ACTIVAR. Esta práctica está enmarcada dentro de lo que se conoce como “terapias de avanzada”. Son aquellas técnicas dirigidas a un objetivo determinado, característica que permite que sean de corta duración para ver resultados rápidos y directos en las emociones y en la conducta de la persona. “Cuando hay un trauma o problema, la información no es procesada e integrada en el cerebro. Se produce una emoción negativa y a su vez un desequilibrio eléctrico entre los hemisferios cerebrales. El resultado de estos tratamientos es que se llega a una integración hemisférica porque se ha procesado la información disfuncional y desaparecen el desequilibrio y los síntomas”, asegura Buscaglia.
Es este desequilibrio o bloqueo el que repercute negativamente en el aprendizaje. Basándose en esto, Paul Dennison, fundador de esta técnica psicológica, estableció como leitmotiv que “el movimiento es la puerta al aprendizaje”. El desarrolló esta técnica a partir de tres conclusiones a las que llegó: que el aprendizaje es una actividad que dura toda nuestra vida y que se puede convertir en algo divertido; que no poder lidiar con la ansiedad y el estrés causa bloqueos de aprendizaje; y que si lo primero que nos enseñan es a quedarnos quietos para no molestar es imposible no bloquearnos. Con estas premisas creó la Educational Kinesiology Foundation, en California, institución que otorga la licencia de Brain Gym a quienes se entrenen para ponerla en práctica.
De forma ilustrativa, Buscaglia explica cómo se lleva a cabo esta terapia: “Cuando estamos en una situación de mucho estrés trabajamos con el cerebro reptiliano: nos preparamos para atacar o defender. Entonces, toda la sangre se va a los músculos de la pierna y se retira del cerebro, que es donde tenemos la capacidad de respuesta o de tomar decisiones. Al hacer estos ejercicios vamos liberando toda la tensión que está en la parte de las piernas, empieza a correr la circulación y la persona se empieza a despertar. La mente está más clara y comprende mejor la situación. La circulación, el buen equilibrio, son aspectos importantes a trabajar. Por otro lado, hay ejercicios en los que es imposible ponerse a pensar en dos cosas al mismo tiempo y lograr que la persona esté absolutamente concentrada en el tema y predispuesta a ver las soluciones frente al problema que plantea”.
Una de las razones por las que tiene tanto éxito entre los más chiquitos es que son ejercicios fáciles de poner en práctica –se pueden practicar desde los cuatro años– y lúdicos hasta por el nombre. Por ejemplo, encontramos los auriculares, un masaje en el lóbulo de la oreja; el cross crawl, se trata de tocar el codo derecho con la rodilla izquierda y viceversa; el ocho invertido, que se hace con la cabeza y ayuda a rectificar la vista; o la mecedora, que luego de un masaje en el sacro contra el piso estabiliza toda la columna. Igualmente, el elemento esencial de esta gimnasia es el agua: se toma un vaso antes de empezar los ejercicios. Gracias a ella, manteniéndose hidratado, la electricidad llega más rápido al cerebro y los ejercicios son más efectivos.
“Veo muchos chicos porque es una técnica que muestra resultados en pocas sesiones. No es como los tratamientos habituales que tienen que venir todos los días o una vez por semana. Quizás, al principio vienen una vez por semana, dos o tres veces. Después empiezan a venir cada quince días y luego uno les entrega los ejercicios o las secuencias y los vas supervisando una vez por mes o quizás ni siquiera tienen la necesidad de venir. Eso lo hace muy ameno y tolerable para los chicos. A los padres cansados de circular por tantos consultorios también les da una esperanza”, explica Buscaglia y resalta la importancia del acompañamiento de los padres en esta terapia: “Es bueno que los padres se queden porque los chicos tienen que repetir los ejercicios en la casa. Por otro lado, funciona como un factor de integración. Los padres de hoy en día están tan exigidos y tienen tanto que hacer que pierden el contacto con los chicos. De esta manera se sienten comprometidos en hacer una gimnasia divertida que también les haga bien a ellos y funcione como tarea de encuentro”.
La sesión dura entre una hora y una hora y media y como mucho el tratamiento durará diez sesiones. Es decir que no pretende ser una terapia crónica sino lograr identificar el problema, aquello que esté bloqueando al paciente, y a través de la enseñanza de los ejercicios indicados, superarlo. De hecho, los ejercicios pueden ser continuados en casa. Por el momento, no es una terapia cubierta por las prepagas y el costo por sesión es de aproximadamente $ 250.
TERAPIA UNICA O COMPLEMENTARIA. Como la mayoría de las terapias, cada paciente va a requerir de un tratamiento particular. Seguramente cada problema se resuelve con una serie particular de ejercicios que se puede combinar con alguna otra técnica de avanzada o bien con otro tipo de terapia. No hay que dejar de lado que muchas veces llegan al consultorio de Buscaglia pacientes con problemas patológicos en los que el Brain Gym será sólo una ayuda, pero una muy importante.
“En el caso de los chicos con retrasos mentales, la gimnasia cerebral puede ser un buen sostén pero no una ‘cura’ para los problemas neurológicos. También se trabaja con chicos con discapacidades serias. Por ejemplo, cuadripléjicos, chicos que caminan con andadores, chicos que tienen una serie de problemas neurológicos con un compromiso orgánico muy importante. Al trabajar estos ejercicios, ellos se conectan más con la realidad. A la vez, se trata de trabajar con metas que los estimulen, los hagan sentirse partícipes. Una meta, por ejemplo, puede ser rodar en el piso o babearse menos”, explica Buscaglia, y se anima a afirmar: “Muchas veces vienen chicos que están medicados y al empezar a usar esta técnica el médico mismo ve la necesidad de reducir la dosis”.
Por último, la especialista en terapias de avanzada insiste en que así como sirve en el consultorio y en casa, el colegio es otro ámbito donde debería estar integrado: “En un colegio es indispensable poder aplicar esto. Cuando vuelven del recreo están tan excitados, la sangre está en las piernas y sentarse frente a la hoja y el pizarrón y empezar a organizar el cerebrito para concentrarse es muy difícil. Hay ejercicios que inmediatamente reponen la habilidad de pensar y la abstracción y el razonamiento que se necesitan”, concluye Buscaglia.
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