ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    En picada mortal

    Ser sumamente atractivo a los 56 años, tener unos de los ojos más seductores del mundo, 993 millones de dólares en el banco, dos premios Oscar y la fama que muchos desearían no es garantía de nada. Mel Gibson es la prueba viviente de que se puede tener todo y, al mismo tiempo, estar al borde de la cornisa. Desde hace más de una década su nombre está ligado a la polémica. Su ira constante, infidelidades, exabruptos, desplantes y comentarios agresivos sobre los políticos de su país atrapan a la prensa y conmueven a la opinión pública. Gibson ha actuado y dirigido tantas películas como comentarios racistas, homofóbicos, xenófobos y antisemitas ha vomitado. Y ni los años, la policía, los tribunales, la condena social ni el boicot de las ligas contra la difamación han podido silenciarlo.

    El último capítulo de esta historia de verborragia sin fin tuvo lugar a mediados de este mes, cuando The Wrap –un blog que publica noticias y chismes sobre la industria cinematográfica– hizo publica una carta escrita por el guionista John Eszterhas, en la que acusa al actor, productor y director norteamericano de odiar a los judíos, entre otras declaraciones escandalosas.

    Lo que motivó a Eszterhas –autor del taquillero film de la década de 1990 Bajos Instintos– a escribir un texto que alcanza las nueve páginas y que The Wrap subió a la red con puntos y comas fue la decisión por parte de Gibson y de la Warner Bros de suspender la filmación de Los Macabeos, una película basada en el guerrero judío Judas Macabeo, que luchó contra los griegos y los sirios antes del nacimiento de Jesús. “He llegado a la conclusión de que la única razón por la que no harás Los Macabeos es la peor posible: odiás a los judíos”, lanzó el escritor. Quizá consciente del peso que la comunidad judía tiene en Hollywood, Eszterhas hizo hincapié en la obsesión antisemita de Gibson: “La única razón que tenías para llevar adelante el proyecto no era hablar sobre el heroísmo judío sino tratar de borrar los continuos cargos de antisemitismo que han socavado tu carrera”.

    Fuera de control, loco, explosivo y posiblemente peligroso para todos aquellos que lo rodean. Así describe Eszterhas al actor de Arma mortal y Corazón valiente. Como argumento de sus afirmaciones, le dedica varios párrafos de la carta a relatar con lujo de detalles la violencia verbal y física que Gibson ejercía contra su última exmujer, la artista rusa Oksana Grigorieva, con quien tuvo –en 2009– a Lucía, su última hija. Gibson estuvo casado durante treinta años con Robyn Moore, una enfermera dental con quien tuvo siete hijos y que le pidió el divorcio en 2006, tras enterarse de que la engañaba con Grigorieva. Con ambos litigios se está esfumando gran parte de su fortuna, calculada en 993 millones de dólares. El guionista asegura que en varios de sus encuentros, Gibson dijo sobre su ex: “La voy a matar. Voy a hacer que la maten”. Grigorieva denunció que Gibson la golpeó varias veces, le voló dos dientes y lastimó a la hijita de ambos.La muer, de 40 años, le entregó a la justicia grabaciones donde se escuchan gritos e insultos de todo calibre.

    UN AMIGO DE ACERO. Sobre las declaraciones antisemitas, el Centro Simon Wiesenthal y la Liga Antidifamación manifestaron públicamente su repudio. No es la primera vez que lo hacen. Ambas organizaciones aún están dolidas por los comentarios y por la visión sangrienta de los judíos que Gibson mostró en 2006 en La Pasión de Cristo, el octavo film más visto de la historia del cine. Si bien el actor se defendió del ataque a través de una carta que fue también subida al blog Deadline Holywood, pocos le prestaron atención. Todos en Los Angeles parecen haberse acostumbrado a lidiar con un Mel desbocado, que luego pide disculpas.

    Uno de los únicos que lo defiende abiertamente es su colega Robert Downey Jr. “Humildemente les pido que se unan a mí. A menos que estén libres de pecado, perdonen a mi amigo por sus faltas y su comportamiento pasado. Déjenlo continuar con su gran contribución al arte colectivo”, rogó el protagonista de Sherlock Holmes y de Ironman, quien reveló que fue Gibson el que le dio una oportunidad cuando, en sus tiempos negros de adicción, nadie le daba trabajo ni confiaba en él. Pero eso fue a fines del año pasado, durante la entrega de premios de la American Cinematheque. Luego del incidente con Eszterhas, no hay muchos que hayan salido al rescate de Mel, cuya vida, imagen y carrera –dicen– está cada día más cerca de la crucifixión.

    Que Juan Pablo II era el anticristo. Que el Holocausto es algo sobrevaluado. Que John Lennon era un mesiánico y merecía morir. Que Gregorieva (su actual exmujer) era “una perra en celo”, “una puta de Las Vegas” y que lucía como “una estúpida” con los implantes mamarios que se había colocado, y que si la violaba “un grupo de negros” sería por culpa de ella. Que un empleado suyo de origen latino era un “espalda mojada” (N. de la R.: así llaman a los inmigrantes ilegales que ingresan a los Estados Unidos cruzando a nado el río Grande).

    La impresionante catarata de barbaridades que han salido en los últimos tiempos de la boca de Mel Gibson son, desde hace más de una década, comidilla de la prensa del mundo del espectáculo. Pero también ha ido más allá. Saber qué es lo que le pasó a ese muchachito católico, conservador y tradicionalista, considerado el hombre vivo más sexy por la revista People en 1985, ha sido objeto de estudio. Algunos tratan de buscar las causas en su hogar. Sucede que Mel Columcille Gerard Gibson es, en cierta medida, digno hijo de su padre, Hutton Gibson. Lo último y más suavecito que dijo papá Gibson, de 91 años, fue que la “mitad del Vaticano es gay” y que “el Papa Benedicto es homosexual”.

    Fue en agosto de 2010, durante una entrevista radial en la que también lanzó otras controvertidas declaraciones. La razón por la cual a Mel se lo conecta con Australia a pesar de haber nacido en Nueva York, en 1956, tiene que ver con que fue allí donde Hutton recaló con su familia, corrido por sus polémicas protestas contra la guerra de Vietnam. Recientemente, el caso Gibson hijo ha sido abordado desde la psicología. “Su carrera obscena y amenazante –en especial los hechos de violencia que relata Grigorieva– obligan a reevaluar su imagen del buen cristiano”, concluye el médico Staton Peele en un artículo publicado por Psychology Today y en donde analiza la violencia que subyace en todos los films que Gibson actuó y dirigió. Desde Mad Max y Arma Mortal hasta El Patriota, Apocalypto y La Pasión de Cristo –dice Peele–, Gibson es presentado como un hombre noble e inocente que termina convirtiéndose en mártir icónico, a través de la agresión… que trasladó fuera de la pantalla.

    Pero quizá la única hipótesis que ayude a entender qué le pasa a Mel tenga que ver con el alcohol, una adicción que lo atormenta desde hace tiempo. “Además de provocar la muerte de las células cerebrales, el alcohol daña el córtex prefrontal, la parte del cerebro responsable del juicio, la toma de decisiones y el control de los impulsos”, analizó recientemente el médico Marvin Seppala, de Hazelden, un conocido centro médico norteamericano de rehabilitación.

    “La gente no ve al alcoholismo como una enfermedad sino como un problema ético o moral”, dice Seppala. Tal vez el exceso de alcohol esté en la raíz de los condenables comentarios antisemitas que le profirió a un policía que lo detuvo en 2006 por manejar borracho y a alta velocidad en Malibú (“Los judíos son responsables de todas las guerras del mundo. ¿Es usted judío?”, “Putos judíos”, fueron algunas de las expresiones; tantas fueron que quedaron asentadas en cuatro folios); o cuando, en 1992, lanzó a un periodista del diario español El País un comentario indeseable sobre los homosexuales y que le trajo como consecuencia la guerra de la comunidad gay.

    Tal vez explique su conducta, aunque no lo justifica. “Necesita ayuda”, dijo hace un tiempo el reverendo Jeese Jackson, cuando los tabloides condenaban a Gibson. Sabiendo que Hollywood ama los finales felices y tiene una larga trayectoria de perdonar a sus ángeles caídos (desde Woody Allen hasta Roman Polanski, pasando por Alec Baldwin, Robert Downey Jr o Charlie Sheen), algunas stars de la industria se unieron para darle una mano. Whoopy Goldberg encabezó la movida, al lanzar una defensa pública. Después fue la impoluta Jodie Foster, que no paró de alabar a Mel por su papel en El Castor, considerada una pésima película por la crítica pero un salvavidas que la industria le tiró a Gibson.

    Ahora, el star system está esperando que sea él quien dé el próximo paso. Parte de la probation de su último y sonado divorcio con Grigorieva en 2010 supone asistir a Alcohólicos Anónimos cinco veces al día, algo que muchos dudan que esté haciendo. Y es que, tal como sostiene el programa de A.A., para que algo cambie se necesita que el adicto haya tocado fondo y tenga deseos de cambiar.

    "Los precios indicados en el artículo son una mera referencia, corresponden estrictamente a los artículos descriptos y pueden sufrir modificaciones realizadas en cualquier momento por las firmas responsables".

    Cargando...