Por favor manden una ambulancia ya mismo. Esto es una emergencia”, dijo la voz desesperada de una mujer que en la madrugada del 24 de enero llamó al 911, servicio de emergencias de los Estados Unidos, desde una mansión de Beverly Hills. A continuación, frente a la pregunta fomulada por la agente de qué era lo que estaba sucediendo, entre gritos y sollozos, la mujer explicó: “Ella fumó algo… No es marihuana, no. Es algo parecido al incienso. Está semi consciente, apenas… Está convulsionando. ¿Qué esperan para mandar la ambulancia?”, gritó, antes de pasarle el teléfono a otra mujer.
“No está respirando normalmente… Y está ardiendo de fiebre”, dijo la segunda mujer. Entonces, la telefonista preguntó qué había tomado exactamente: “Ha estado teniendo problemas con algunas sustancias últimamente. No sé qué es lo que tomó o no tomó… Demi, ¿me escuchas?... Sí, está apretando las manos… Pero no puede hablar”
Lo que no imaginaban los telefonistas del 911 era que la mujer de la que estaban hablando era Demi Moore. La actriz, de 49 años, llegaba así a la situación más extrema de una vida con varios episodios críticos, producto de su recurrente adicción a las drogas y su obsesión por verse flaca y radiante. El hecho –que se dio a conocer en detalle la semana pasada– puso de relieve el mal trance que atraviesa en estos días la protagonista de Ghost, de cuya salud física y mental se venía hablando desde hace meses. Su última aparición pública –la primera luego del divorcio de Ashton Kutcher, quien le habría sido infiel con una veinteañera, guionista de cine– fue tapa de todas las revistas por su ev idente y extrema delgadez.
Sin embargo, no fue su depresión lo que la hundió en este infierno, sino su recaída en las adicciones. “A raíz del estrés que atraviesa en su vida, Demi ha decidido buscar ayuda profesional para tratar su agotamiento y recuperar su energía y salud”, dijo tras la internación el representante de la actriz, aunque no logró convencer a nadie. Pocos días después, la grabación de la llamada al 911 se filtró y todo se supo. También que la hija mayor de la actriz, Rumer, habría estado con ella en el momento en que se descompuso. Y, según publicaron varios medios, ella también habría fumado la sustancia ilegal que casi mata a su mamá. Se trata de una droga conocida como K2 Spice, un tipo de marihuana sintética que, según explicó la Administración de Drogas y Medicamentos de Estados Unidos (DEA), “parece a simple vista un incienso, pero contiene una elevada cantidad de cannaboides sintéticos que pueden provocar estados de psicosis, convulsiones y pérdida del conocimiento”. Además, el organismo informó que hasta hace un año su venta era libre en el territorio norteamericano pero que, luego de comprobarse el altísimo riesgo de su consumo, se prohibió la venta.
Lo cierto es que la intoxicación mantuvo a la actriz internada varios días. Junto a ella, estuvo todo el tiempo Rumer, y también su exmarido, Bruce Willis, de quien se divorció en el 2000 pero quien siempre mantuvo una muy buena relación con ella. Y, por supuesto, muchas amigas y amigos. El último en acudir a verla fue Kutcher, a quien todos criticaron por su ausencia y porque, al parecer, hace algún tiempo ya no atiende los llamados de la actriz. Sin embargo, el protagonista de Two and a half men, que en el momento en el que ocurrieron los hechos estaba de vacaciones en Brasil, no dudó en regresar apenas se enteró. Según trascendió, por ahora Demi no asume su adicción a las drogas y, a pesar del desesperado pedido de todos los que la quieren, hace difícil su rehabilitación. “Ella es fanática de la Cábala y solo quiere ayuda espiritual de ese tipo”, reveló una amiga. Sin embargo, al cierre de esta edición se dio a conocer la noticia de que finalmente aceptó ir a un exclusivo centro de rehabilitación de Sundance, en el que se la tratará por trastornos alimenticios y adicciones. En la única declaración que hizo a la prensa, su hija Rumer contó que está preocupada por ella, pero “que está en recuperación”. De todas maneras, la actriz ya suspendió su participación en el film Lovelace, donde iba a interpretar a una actriz porno que ahora interpretará Sarah Jessica Parker.
LAS LINDAS TAMBIEN LLORAN. Nació en Nueva México, como Demetria Gene y su papá biológico abandonó a su mamá, Victoria, antes de que ella llegara al mundo. Poco después su mamá se enamoró de Danny Guynes, de quien Demi tomó su apellido oficial, pero el hombre era alcohólico y nunca tuvo un trabajo estable, por lo que la familia, instalada en los suburbios de Pittsburg, tuvo que mudarse alrededor de cuarenta veces por aquellos años.
Aunque siempre fue muy linda, Demi sufrió mucho de inseguridad y baja estima cuando era chiquita ya que un problema de estrabismo en el ojo izquierdo la obligó a hacerse varias operaciones y pasó buena parte de su niñez con un parche. A pesar de todo aquello, o justamente porque ya estaba cansada de una vida que no prometía demasiado, con apenas 16 años y luego de hacer algunos trabajos como una pin-up girl, decidió abandonar el colegio secundario e ir en busca de fama. En realidad, la que impulsó aquella decisión fue su amiga Nastassja Kinski, quien ya empezaba a trabajar como actriz. Para Demi, en ese momento no se trataba tanto de una cuestión vocacional, sino de encontrarle un sentido a su vida y, sobre todo, un futuro. Así fue que se mudó con Nastassja a Hollywood. Muy pronto consiguió algunos roles pequeños en películas que la ayudaron a sobrevivir. A los 18 años conoció al músico Freddy Moore y se casó con él, además de adoptar su apellido como nombre artístico. Dos años después, en 1982, le llegó su primera gran oportunidad: fue seleccionada en un casting para la serie de ABC, General Hospital. Su rol como Jackie Templeton duró dos temporadas, la hizo famosa y le proporcionó un buen dinero.
El problema fue que su primera inversión habrían sido fiestas y cocaína. Así vivió durante tres años, ya divorciada de Moore, hasta que el director de cine Joel Schumacher la echó del rodaje de St. Elmo’s Fire (1985) un día en el que llegó a trabajar completamente fuera de sí. De inmediato, fue puesta bajo tratamiento e internada por una semana, tras lo cual pudo terminar la filmación en la que, paradójicamente, interpretaba a una adicta, aunque antes, fue obligada a firmar un contrato en el que se comprometía a dejar las drogas y el alcohol; un acuerdo que la actriz cumplió y que cambió por completo su historia en Hollywood: en los próximos cuatro años, entre 1986 y 1989, participó en cinco películas y, finalmente, en 1990, llegó la mayor oportunidad de su vida, Ghost. El film fue un éxito arrollador que le valió fama internacional, una nominación al Globo de Oro como Mejor Actriz y un lugar entre las celebrities mejor pagas de la industria. De hecho, fue la primera en alcanzar un cachet de diez millones de dólares. Y, por supuesto la colocó entre las más solicitadas: en la década del ‘90 hizo 15 películas y facturó varias decenas de millones.
DE AMOR Y OTROS DEMONIOS. Desde siempre, los altibajos emocionales y físicos de la actriz estuvieron íntimamente ligados con su situación amorosa. De hecho, el mejor momento profesional de la actriz, pero también el más estable, coincidió con su matrimonio con Willis. Se casaron en 1987 y tuvieron tres hijas: Rumer, nacida el 16 de agosto de 1988, Scout LaRue, el 20 de julio de 1991, y Tallulah Belle, el 3 de febrero de 1994. Se divorciaron en el 2000, luego de trece años juntos. Ese tiempo fue el mejor de su vida. Ya separada y con las niñas aún chicas, Demi mantuvo el perfil bajo y una dedicación casi exclusiva a ellas por un largo tiempo. Recién en 2003, después de casi tres años de ausencia en la pantalla grande, Demi reapareció en Los ángeles de Charlie y dejó a la platea mundial boquiabierta al mostrarse en bikini y corriendo por la playa: a los 41 años y luego de tres embarazos, la ex señora Willis lucía una figura perfecta, mejor incluso que cuando 8 años antes había hecho Streaptease. Se la veía rejuvenecida. Ella explicó entonces que se había sometido a una dieta muy estricta y a un plan de ejercicios muy exigente. Incluso se dijo que también había hecho un tratamiento con sanguijuelas para mantener una piel radiante. Y, aunque ella nunca lo reconoció, de inmediato el tratamiento se puso muy de moda entre las famosas. Lo que no se sabía entonces era que había una razón extra para su rejuvenecimiento: ese mismo año, en una fiesta, Demi había conocido a Ashton Kutcher, entonces de 26 años, es decir, 15 menos que ella. Según sus propias palabras, el de ella había sido amor a primera vista. No así el de él, quien se fijó en ella luego de algunos otros encuentros. Lo cierto es que se enamoraron perdidamente y dos años después, en 2005, se casaron. Desde entonces, y durante los 6 años que duró su matrimonio, fueron una de las parejas más lindas, admiradas, queridas y fotografiadas de Hollywood.
Además, ellos mismos mostraban constante y abiertamente su amor a través de Twitter, donde a diario subían fotos de su intimidad y mensajes de amor. Sin embargo, algunos comenzaron a decir que con una pareja tanto más joven que ella, las inseguridades de Demi habían aflorado con más fuerza: celos, baja estima y descontrol. Todo eso fue lo que la condujo a la actriz a una gran crisis en 2009. Y, a su vez, la crisis de Demi repercutió en la pareja, infidelidades de él incluidas. Finalmente se divorciaron en noviembre de 2011. Sin embargo, una de las mejores amigas de la actriz, dijo recientemente: “Estoy segura de que Kutcher estaría contento de pensar que todo esto es ocasionado por él; pero no es así, esto ocurre porque el costo de ser una mujer exitosa en Hollywood y en este país es muy alto”.

