ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    Mañana... será otro día

    No podemos dejarla para el próximo número?... Habíamos hablado sobre este tema hace meses, pero ahora que llega el momento y el editor me lo pide, sencillamente no quiero. Prefería postergarlo, pero como no tengo ninguna razón para justificar dicha dilación, aquí estoy entrevistando a especialistas en este trastorno de comportamiento que consiste justamente en dejar para otro día todo aquello que una idealmente formuló en la mente. Es que frases como “mañana empiezo”, “no llegué, nos vemos otro día”, “puede ser, pero no te lo aseguro” son expresiones cada vez más usadas y la punta del iceberg de un hábito que conviene vigilar porque puede atentar contra nuestro desarrollo personal. Se trata de una patología que los expertos han dado a llamar procastinación y afecta a una de cada cuatro personas, especialmente a aquellos que ya pasaron la barrera de los veinticinco años. Si bien los psicólogos la observan en sus consultorios desde hace décadas, se potencia en estos tiempos vertiginosos. Y la problemática se ve con mayor frecuencia durante los primeros meses del año. Ese es el momento en el que definimos las metas de una nueva etapa y aumentamos las expectativas sobre ellas. Como resalta la psicóloga y especialista en conductas adictivas y trastornos de ansiedad, Adriana Waisman, “La cultura del ‘llame ya’ que impera en nuestra época exige inmediatez y necesita de concreciones rápidas, y hace que muchas veces, frente a nuevos proyectos, terminemos generando ansiedades y miedos, básicamente porque los tiempos particulares terminan perdidos en el universo”.

    TODO ES PERFECTIBLE. La idealización, la búsqueda de perfección y la obsesión por los resultados aparecen con frecuencia entre quienes tienden a prolongar en el tiempo o a no empezar con lo que se propusieron.

    “A veces se cae en el error de pensar que las cosas tienen que ser como uno las imagina y si no, directamente mejor que no sean. Por eso muchas veces se termina desistiendo de la acción, porque en la vida real y concreta es imposible tener el control sobre todo”, reflexiona Waisman y recuerda algunos padecimientos habituales de quienes no pueden evitar dejar “todo para después”. Desde no terminar una carrera universitaria, a pesar de que les falte una sola materia o incluso un simple trámite, hasta evadir aquellos compromisos emocionales a largo plazo como el casamiento. La psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, Any Krieger, analiza la manía de “procastinar” como una de las aristas propias de la neurosis, principalmente del obsesivo.

    “Muchas veces, apelar a la llamada bicicleta es una manera inconsciente de prolongar la insatisfacción, al no concluir aquello que a priori te haría feliz y te permitiría avanzar”, sostiene y pone el acento en la necesidad de no mentirse ni boicotearse. “Es importante estar atentos y sincerarnos sobre las verdaderas razones por las que finalmente decimos desistir de tal o cual proyecto. Es imperioso enfrentarse con la verdad, con los motivos reales para poder trabajarlos en terapia”, concluye Krieger. Y, aunque se trata de un trastorno particular, con características distintas entre unos y otros, sí se pueden establecer pistas generales. Y a la hora de dimensionar los problemas que puede acarrear esta dificultad, los especialistas coinciden en que el límite está cuando la procastinación afecta la vida cotidiana de la persona, aumenta la frecuencia en el tiempo, y finalmente se instala como parte esencial de la personalidad del sujeto en cuestión.

    VOS PODES, EMPEZA HOY. El miedo frente a lo incierto y la posibilidad de fracasar o equivocarse son actitudes que suelen derivar en largas prórrogas y en la acentuación del modus operandi ligado al “vamos viendo”. Como bien explica la psicóloga Beatriz Goldberg, “el miedo a que las cosas no salgan como las planeamos termina haciendo que no nos juguemos por lo que deseamos y nos mantiene alejados de las equivocaciones. Y tengamos en cuenta que para muchas personas equivocarse es algo muy difícil de tolerar”.

    Otra de las maneras en que se suelen enmascarar las postergaciones es el repaso casi eterno de lo que se quiere hacer y la enumeración de dudas que ese objetivo conlleva. En ese sentido, Goldberg destaca la importancia de “tirarse a la pileta” y marca la diferencia entre una actitud excesivamente prudente y el atolondramiento. “Una cosa es vivir planificando o hacer castillos en el aire y otra muy distinta es no animarse a dar el paso real si ya fueron tomados todos los recaudos del caso y están las condiciones dadas. Hay un punto de riesgo que es necesario tomar porque es imposible contar con el ciento por ciento de las certezas o manejar absolutamente todas las variables”.

    Claro que para quien tiende a aplazar los proyectos el terreno nunca será lo suficientemente sólido. Por eso Goldberg recomienda tratar de “convertir aquellos mensajes inhibidores de la acción en propulsores y también minimizar las consecuencias. Las personas que sufren procastinación tienen que pensar que siempre se puede empezar de nuevo y que, en definitiva, la gente que uno admira porque logró crecer profesional o emocionalmente probablemente cometió tantos errores como aciertos. Lo que sucede es que en general, y más en nuestra cultura, se resaltan más los éxitos que los fracasos”.

    Por otro lado, una autoestima maltrecha suele terminar en procastinación. En ese sentido, escribir listas detalladas de nuestro mapa de logros pasados puede ser una herramienta útil “para ganar confianza en nosotros mismos”. Como ejemplifica Goldberg con claridad, “si un nuevo trabajo exige hablar ante un público grande, conviene pensar en otras charlas de las que salimos airosos a pesar de que pensábamos que iba a ser un desastre. Un médico frente a una operación difícil recordará a aquel paciente al que le salvó la vida. Si una chica piensa que no puede conquistar a nadie, le servirá recordar aquella fiesta en la que más de un muchacho se le acercó”.

    No hay duda, es muy alentador asumir las propias fortalezas, pero no por ello hay que desconocer o ignorar las debilidades tratando de mirar siempre el vaso medio lleno. “Si queremos poner en marcha un emprendimiento –puntualiza Goldberg–, pero sabemos que los números no son lo nuestro, podemos asociarnos con alguien y así ponerlo en marcha en vez de archivarlo como un proyecto que nunca logramos”.

    Los especialistas los llaman “deseos asociados”: aquellos mecanismos que activamos para finalmente alcanzar lo que soñamos. Y si se trata de poner ejemplos a tanta teoría, la psicóloga y escritora puntualiza: “mucha gente evita el casamiento porque sabe que así evita tener hijos; otros no se arriesgan a cambiar de trabajo para no tener que enfrentarse a un nuevo grupo de personas. También están los que no adelgazan porque se sienten incapaces de mantener una relación romántica”.

    Hoy procastinadores para todos los gustos. En lo que a mi respecta, me anoto un punto por concluir esta nota, aunque en mi caso, responsabilidad obliga, empiezo a rever mis objetivos 2012 siguiendo las claves para no procastinar. Ni en el intento ni el camino.

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