Belleza, juventud y dinero… Un combo que, si encima viene a dúo, mucho mejor. Las hermanas Victoria (28) y Vanessa (27) Traina son herederas del magnate naviero y vitivinicultor John Traina –pilar de la high society de San Francisco–, y hoy se imponen en el exclusivo círculo del jet-set internacional. Con millones de dólares en sus cuentas y una vasta tradición familiar, el dúo emergió a la luz pública cuando fue comparado con las revoltosas Hilton –Paris y Nicky–, y lo mejor es que en ese juego salieron ganando.
Súper polite, educadas y más instruidas, las hermanas Traina –criadas en majestuosas mansiones y dentro de un círculo íntimo que incluyó a leyendas como Sofia Loren o Hubert de Givenchy– se posicionaron como la contracara de las Hilton, más sofisticadas y políticamente correctas. “Nunca las conocimos, pero estoy segura de que son chicas muy dulces y jamás hubiera pensado mal de ellas. Los medios resaltan demasiado ese ángulo”, declaró –sin ánimo de alimentar la rivalidad– Vanessa, de novia con el skateboarder Chad Muska, ex de… ¡Paris Hilton!
A su pedigree de “hijas de un millonario”, las Traina suman el prestigio de su madre, nada menos que la escritora best-seller Danielle Steel (64 años, poseedora de un patrimonio personal de más de 50 millones de dólares), un estatus que las posicionó bien arriba en la lista de “los jóvenes más ricos” según la revista People, a la par de herederos como los Trump, los Hearst o los Branson.
Reinas absolutas de los bailes de sociedad, Victoria y Vanessa brillan en fiestas y eventos: “Son divinas, pero están terriblamente consentidas” dicen de la dupla que, en cada aparición pública, luce costosas prendas de diseño. Para ellas, Balenciaga, Hermès y Christian Lacroix son etiquetas corrientes a la hora de vestirse, tanto para un cocktail en una terraza de San Francisco como para dar un paseo a pie por su extenso rancho en el Valle de Napa. Dicen que de chicas mamá Steel aportaba 150 regalos por cabeza en cada cumpleaños y el rumor de que Vanessa iba a estudiar con bolsos Birkin en lugar de la tradicional mochila aún resuena por los pasillos de su colegio. “No era tan así. Sí pasaba que mamá tenía muchísimos bolsos y quizá de tanto en tanto yo se los tomaba prestados”, aclaró ella.
De repente, el dúo entró en el radar de los paparazzi, y así los ojos se posaron en estas chicas hasta entonces anónimas en los medios, tal como lo había elegido su madre a quien siempre le gustó mantener la privacidad de sus siete hijos. Pero, de un momento a otro, qué usaban y qué compraban “V & V” comenzó a ser de interés. “Solemos ir de compras juntas –describió Vanessa–. Victoria es más clásica, tiene un gusto más racional y de líneas simples. Yo soy más ecléctica, un poco más funky”. Con sus estilos diferenciados, Victoria –más bajita, prolija y correcta– y Vanessa, indie y espigado porte de modelo, comenzaron a codearse con otras “hijas de”. Hoy son íntimas amigas de Nicole Richie, de otro par de millonarias como las gemelas Olsen, e hicieron buenas migas con las it girls Caroline Sieber y Poppy Delevingne, la hermandad de las front row.
LA NOVELISTA Y EL BON VIVANT. El nombre de Danielle Steel es sinónimo de éxito editorial en todo el planeta. Desde que escribió su primera novela, en 1973, lleva vendidos más de 590 millones de ejemplares en todo el mundo y fue traducida a 28 idiomas. A pesar de su prolífica carrera (con más de un libro publicado por año), Danielle mantuvo siempre su vida privada bajo llave, sobre todo la que compartió con sus siete hijos, Beatrix, Nicholas, Samantha, Victoria, Vanessa, Maximilian y Zara, a los que mantuvo al resguardo de los flashes. Siempre organizó su vida alrededor de ellos, para disfrutarlos durante el día (hasta que entraronen el secundario, además cada uno tenía su propio tutor en casa). Y a la noche, cuando ya todos estaban acostados, ella se dedicaba a escribir y a dormir apenas cuatro horas diarias. Pero un hecho trágico alteró su “vida de novela”: la muerte del joven Nicholas, Nick, en 1997, con apenas 19 años.
¿Su vida amorosa? También de novela: Danielle Steel se casó a los 18 años con el banquero francés Claude Eric Lazard (padre de Beatrix). Lo dejó por Danny Zugelder, un convicto al que conoció en prisión investigando para sus novelas y con quien se casó en 1975. Su tercer matri monio fue con William Toth, un hombre con problemas con las drogas y padre de Nick. Su cuarto marido fue John Traina, un acaudalado empresario 20 años mayor que ella con quien estuvo casada –desde 1981– durante 17 años. Traina adoptó formalmente a Nick y le dio su apellido, un hecho que tomó mayor notoriedad en 1993, cuando una periodista sacó el tema a la luz. Nick sufrió problemas de conducta y personalidad durante toda su vida y, aun cuando llegó a formar una exitosa banda musical –Blink 80– era maníaco depresivo y sufría de trastorno bipolar. “No era un chico alocado, era un chico enfermo. Algo que supe por muchos años”, contó la propia Steel. Tras tres intentos fallidos, el hermano mayor de Victoria y Vanessa se suicidó con una sobredosis de heroína, antes de cumplir los 20 años. Las chicas mantienen vigente su recuerdo pero evitan hablar del hecho que oscureció sus vidas. Steel sin embargo hizo catarsis con un libro –His bright light– sobre su adorado hijo y en 1998 creó una fundación en su nombre que ayuda a jóvenes con problemas de depresión. “La muerte de Nicky fue una gran pérdida para mis hijos”, confesó Steel, una vez separada de Traina.
En 1998 Danielle se volvió a casar con el financiero Thomas Perkins, y nuevamente se separó en 2002. El magnate John Traina murió en 2011 de leucemia –a los 79 años– y un remate de sus pertenencias titulado “El elegante John Traina, un retrato de estilo” –en Sotheby’s, en diciembre pasado– aportó un completo pantallazo sobre el universo en el que las Traina se criaron: rodeadas de obras de Fabergé, magníficas joyas y autos de colección. Como parte de su herencia, sus hijas no sólo quedaron holgadamente situadas sino que adoptaron la máxima de vivir a pleno, enseñanzas de su padre, un verdadero bon vivant.
HISTORIA DE UNA HERENCIA. Reconocida por sus otros “hijos”, las novelas –entre otras, La promesa, Zoya y Mensaje de Nam; muchas de ellas convertidas en películas– Danielle Steel sólo se deja ver en ocasiones especiales. Una de ellas es la Semana de la Moda de París y, desde que tienen uso de razón, Vanessa y Victoria, aseguran que son sus escoltas y compañía. Reconocida por su elegancia, Steel siempre fue admirada por su filantropía y su gusto por la moda y el arte. Se dice que en su guardarropas posee más de 6.000 pares de zapatos by Christian Louboutin, cifra complicada de ubicar en su mansión de París, ciudad que eligió como hogar al abandonar la Costa Oeste norteamericana: “San Francisco es un gran lugar para criar chicos, pero fui feliz en dejarlo atrás. Allí no hay estilo, nadie se produce al vestirse y no podés ser chic. Todo es shorts y ropa informal, ¡como si estuvieran vestidos para ir de campamento! No creo que a la gente le preocupe cómo se ve”, dijo. En una entrevista en el The Wall Street Journal, Danielle admitió: “No me gustan las prendas de moda, porque las piezas no me sirven luego y nunca puedo usarlas. Es por eso que me gusta ir de compras con mis hijas, ellas siempre me dicen la verdad”. Eso, cuando no está ocupada. Es que la prolífica escritora mantiene su laboriosa rutina vigente. Es la cuarta escritora más leída de todos los tiempos y en 1981 entró en El libro Guinness como autora abonada en la lista de best-sellers del New York Times: la que estuvo en la cima por más semanas consecutivas. Hoy va por su libro Nº 91 y acaba de firmar un contrato por 60 millones de dólares con la editorial Delacorte.
Las Traina siguen su ejemplo. Asentadas en Nueva York, ambas trabajan por vocación y para preservar su standar de vida. La siempre sonriente Victoria –de novia con Carlos, hijo del diseñador argentino Roberto Torretta– se desempeña como estilista y consultora para Lazaro Hernandez y para Jack McCollough en Proenza Schouler. En tanto, Vanessa se recibió de diseñadora en Parsons The New School of Design, fue pasante en Vogue París y realizó prácticas en Christian Lacroix y en Proenza Schouler. Cotizada modelo de la agencia Elite y estilista, Vanessa desfiló para Louis Vuitton, entre otros. Musa de su incondicional amigo del secundario, el exitoso diseñador Alexander Wang, la menor de las Traina también es habitué en editoriales de Vogue o Harper’s Bazaar. Imagen de la firma francesa Maje por dos temporadas, Vanessa fue invitada a lanzar su propia línea cápsula de 14 piezas: “Amo la industria de la moda, ¡es tan creativa! y nunca se queda quieta. Siempre estás trabajando en nuevos proyectos”.
Recientemente, la heredera abrió las puertas de su hogar en el West Village neoyorkino y mostró que su lujoso estilo de vida no ha cambiado: una enorme cebra disecada se luce en pleno living (regalo de mudanza de papá, fanático del taxidermismo), así como una alfombra con cabeza de tigre, ceniceros Hermès y, por supuesto, un generoso guardarropas “Mamá nos enseñó a apreciar la ropa y a invertir en piezas que realmente amemos. No se trata de usar un vestido una sola vez”.

